Todo hecho que toma relevancia en el orden internacional confirma taxativamente la interdependencia sobre la que todo funciona. Cada factor de los que depende el desenvolvimiento humano a su vez se subordina a otros más, y así sucesivamente hasta configurar una compleja estructura. Suele evidenciarse tal disposición en irregularidades que a veces emergen en economía o finanzas, ante las que rápidamente surge hasta pánico por posibles "efectos dominó”. Es que la experiencia mundial, en buena parte, justifica temores, aunque en otro sentido registra un aprendizaje que ha capitalizado experiencias. Por ejemplo, en 1929 se generó una crisis bursátil inaugural en Estados Unidos que repercutió mundialmente con diversos acentos. Desde entonces, se han ido refinando los sistemas de control y transparencia del sector. No obstante, sigue existiendo tras esta y cualquier otra actividad humana, un componente esencial, en el que en realidad se ha basado la construcción de la misma civilización: la confianza. Precisamente, en su obra "Confianza”, Francis Fukuyama la define como la "expectativa de comportamiento normal, honesto y cooperativo, basada en normas comunes”.
Por lo general no se llega a reconocer la incidencia determinante de la confianza en el funcionamiento de toda comunidad. Se puede verificar que las sociedades que se articulan en base a un alto grado de justificada confianza entre sus componentes, resultan ser las más prósperas.
Recientemente se ha producido el quiebre de un importante banco de Estados Unidos, el Silicon Valley Bank. Y el efecto dominó se manifestó sin dilación: depositantes en masa tratando de retirar su dinero, clientes de otros bancos haciendo lo mismo "por si acaso”, generando a su vez problemas de liquidez en esas instituciones, etc. Y esa concatenación de causas y efectos se reflejó en diversas capitales del mundo; los precios en bolsa de instituciones bancarias lo evidenciaron.
Si bien no se ha llegado al pánico, sí se ha hecho patente una inquietud sostenida, con una potencialidad perniciosa. Por ello es que el presidente norteamericano, Joe Biden, se vio en la necesidad de expresar que "Los estadounidenses pueden confiar en que el sistema bancario está a salvo”, además de que "sus depósitos estarán allí cuando los necesiten”.
Evidentemente, procura preservar ese componente esencial para la prosperidad que es la confianza. Se trata del capital intangible y ético en el que se fundamenta el libre mercado.
Resulta tan crítico, que ninguna elaboración o transacción, ni de servicios ni de bienes, podría ser viable sin la activación que sólo la confianza suscita.
Las crisis financieras originadas por irresponsabilidades o ineptitudes, cuando la credibilidad que nutre el sistema ha sido burlada, han tenido efectos devastadores. Pero aquellas generadas por desajustes imprevistos han tendido a equilibrarse en el corto plazo, no sin sus víctimas. Si los mercados confirman que la confianza no ha sido defraudada, el daño podrá ser acotado.
