Les propongo que elijan una de las siguientes frases. Todas son verdaderas pero opten por la que crean "más correcta" o se sientan más identificados: 1- El pasado crea el presente, 2- El presente crea el futuro y 3- El futuro crea el presente… ¿Ya eligió? ¿Cuál eligió?

Esta es una propuesta que hice en una charla sobre innovación auspiciada por la SECITI de San Juan y otra en San Luis para la Red de Universidades e Institutos Puntanos. Le pedí al público que respondiera a través de una aplicación de sus celulares. En ambos casos, cerca del 80% eligió la segunda, (el presente crea el futuro), seguido por cerca del 15% (el pasado crea el presente) y un pequeño grupo eligió la tercera (el futuro crea el presente). 

Si bien todas las respuestas eran correctas y, seguramente, los porcentajes cambiarán de acuerdo a cada realidad, me permiten subrayar la fundamental importancia que tienen las expectativas con las que enfrentamos cada día nuestra vida.

Somos el fruto de un pasado y desde el presente, ineludiblemente, construiremos el futuro, pero, si bien ambos tiempos, tienen una influencia determinante en nuestra vida, la naturaleza es fundamentalmente proyectiva de una mezcla entre lo que queremos y creemos que nos va a pasar en el futuro. Entonces por eso, el futuro crea el presente. Estudiamos para ser profesionales, trabajamos para vivir bien, nos casamos para ser felices y hasta los creyentes, soportamos los sufrimientos y la cruz porque creemos en la vida eterna. La idea que tenemos del futuro determina absolutamente nuestras decisiones actuales.

MOVILIZADOS POR EL AMOR

A estas "imágenes del futuro", les es aplicable la idea que sostenía Ignacio de Loyola cuando decía que no sólo lo bueno (el amor) nos moviliza, también lo hace el temor. Cerramos nuestras casas con llave por temor a los ladrones, controlamos nuestras comidas por miedo a engordar y usamos aún incómodos barbijos para no contraer el virus… Y así se desarrolla nuestra vida presente, impulsados (por amor o por miedo) por las expectativas, buenas o malas, que tenemos de nuestro porvenir.

Por eso fue tan devastadora la cuarentena. Nadie había imaginado que pudiera pasar algo así y consecuentemente, nadie estaba preparado.

A las consecuencias de la pandemia, se suman ahora el recrudecimiento de las incertidumbres políticas, la inestable economía y los negativos efectos globales de la invasión de Rusia a Ucrania, que seguramente modificará aún mucho más los parámetros de la convivencia humana.

Muchos afirman que la guerra se inspira en la intención de Putin de "recuperar la idea imperial zarista" resucitando metodologías de una profunda barbarie. En nuestro país algunos piensan que los problemas políticos y económicos tienen su origen en la insistencia de políticos que imaginan el futuro mirando para atrás. En todo caso ambas concepciones se asientan en los recuerdos y la creencia de poder volver a repetir el pasado y son generalmente incapaces de innovar.

PROYECTARSE AL FUTURO

En general estas ideas no alcanzan a incorporar integralmente la novedad de una humanidad en movimiento y evolución que ha sido impactada por un cambio epocal y tecnológico y que está formada por personas concretas. En donde es fundamental ser creativos e innovadores para poder aprovechar tantos avances, muy claros en el ámbito científico y tecnológico, pero que no alcanzan a transferirse en mejoras para la humanidad.

En esta perspectiva es bueno que al menos nos preguntemos: ¿Cómo me imagino que será el futuro de la humanidad en este contexto? ¿Cuál es la imagen con la cual me proyecto hacia el futuro? ¿Por qué me parece que la dirigencia actual no alcanza consensuar una imagen del futuro que nos comprometa a todos? ¿Qué creo que podría hacer para mejorar las imágenes del futuro que inspiran y justifican los esfuerzos que estoy haciendo actualmente?

 

Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad en Educación del Espacio Excelencia y de la Maestría en Nuevas Tecnologías (UCCuyo).