Mientras los ojos de millones de argentinos (y de ciudadanos de todo el mundo) descubrían por los medios de comunicación un monstruo gigante que amenazaba sin piedad, el alma de todos, zurcida de miedos, reconocía su aterrizaje, imaginando un horizonte sombrío entre cuatro paredes. El impacto de lo desconocido comenzó a alterarnos la vida, mientras el otoño ya conversaba con el invierno para acordar la llegada del frío, al parecer amigo predilecto del coronavirus, que así se llama este esperpento en forma de collar con perlas envenenadas. Desde el Gobierno nacional, provincial y municipal se le planta cara mediante severas medidas cual bastión de acero, con la ilusión de noquearlo, pero aparecen de vez en cuando puños malditos que rompen el blindaje hasta ahogar sin escrúpulos la esperanza de evitar un contagio. Así, los ciudadanos y ciudadanas acatan el llamado aislamiento o cuarentena, sin saber por cuánto tiempo, y la mayoría sin un espacio físico que coloree parte de los días, mientras la amenaza ocupa considerablemente nuestro pensamiento en estos casi tres meses. Mientras tanto, todos los medios informan sobre la pandemia en radio y televisión, con coberturas ininterrumpidas donde se actualizan cifras oficiales de contagiados y de muertos, aunque algunas provincias, como San Juan, se ubican entre las menos afectadas y sin fallecidos. Y a todo ello se suman las redes sociales donde el debate sobre el tema sube y baja de nivel, pero no deja de atraer a miles. Desde el primer día de la cuarentena el mensaje oficial fue determinante: "Todos los trabajadores de actividades no esenciales deberán quedarse en casa…". Y en la larga lista de unas sesenta esenciales, no estaba el sector de la Cultura. Por ello, pasó a ser uno de los más afectados por la emergencia sanitaria declarada por el Covid-19 con las medidas de aislamiento social y restricciones de movilidad. A su vez, una medición regional sobre el impacto de esta plaga universal en la Cultura, revela que este sector, "es hoy uno de los más afectados por la emergencia sanitaria declarada por la pandemia. Las medidas de aislamiento social y las restricciones de movilidad para evitar contagios y detener el mal, que adoptaron la mayoría de los países, disminuyeron la posibilidad de acceso a las más diversas formas y expresiones artísticas". La evaluación fue realizada desde el Mercosur Cultural, junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), y la Organización de los Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).
"… la Cultura dijo presente, sin invitación, y (la pandemia) viene contando… con el espontáneo auxilio de centenares de artistas, escritores, poetas, artesanos y creadores en nuestra provincia y el país".
Sin embargo, la Cultura dijo presente, sin invitación, y esta agobiante película que no termina aún, viene contando desde el comienzo con el espontáneo auxilio de centenares de artistas, escritores, poetas, artesanos y creadores en nuestra provincia y el país. Todos ellos, con un súbito espíritu de esmerado sanitarista, se calzan el traje de asistentes en tiempos de arrojo, y desde un escenario, la mayoría de las veces ficticio, atrapan nuestro compromiso del "quedate en casa", amenizando, recreando, alegrando, pero sobre todo aliviando las horas que con esta pandemia tienen más de sesenta minutos, como los días más de veinticuatro horas y las semanas ni se sabe cuántos días. Lejos de cualquier posibilidad de espectáculo presencial por mucho tiempo, filmes, videos, recitales, exposiciones, y bocanadas de patrimonio cultural intangible, se muestran generosamente en medios digitales como fuentes de cohesión cultural y vehículos de actividades vinculadas a esa identidad colectiva de tiempos "normales".
Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista. Exsubsecretario de Cultura de la Provincia y exsecretario de Cultura y Turismo de la Capital.
