Hay una frase que dice: "Cuando aprendí todas las respuestas, me cambiaron las preguntas". Por eso y porque lo que siempre había funcionado, ahora no funciona, en estos años cobra mayor sentido la palabra "innovación". Es por la necesidad imperiosa de adaptar nuestros trabajos e instituciones al efecto transformador de las tecnologías. El 95% de las empresas reconoce que la pandemia aceleró la necesidad de transformar profundamente su negocio y hacen tremendos esfuerzos para implementarla. Pero, ¿qué queremos decir cuando hablamos de innovación?
La palabra "innovar" es vieja como el lenguaje. Viene del latín innovare y significa "renovar, mejorar". Su definición establece un "mínimo" en el cual sólo basta "la mejora" o "la renovación" para dar pertinencia al término y este es el uso que se le daba hasta hace poco, en una cultura apoyada en las certezas.
Pero frente al impacto generado por la cantidad y velocidad de los avances científicos y tecnológicos, identificados con un cambio epocal, donde la única certeza es la incertidumbre, se asocia mayormente su significado a los cambios profundos, radicales y disruptivos en casi todas las áreas de la actividad humana.
"La diferencia entre creatividad e innovación es que la primera supone pensar en ideas nuevas aunque no tengan demasiada aplicación, mientras que innovación es la aplicación con éxito de las ideas dentro de una organización."
Frecuentemente se la identifica también con la palabra "creatividad" pero muchos sostienen que no es lo mismo y que sólo el 4% de los humanos puede ser naturalmente creativo.
Creo que la diferencia entre creatividad e innovación es que la primera supone pensar en ideas nuevas aunque no tengan demasiada aplicación, mientras que innovación es la aplicación con éxito de las ideas dentro de una organización. Podríamos afirmar que la innovación es lo que hace viable (rentable) una idea creativa.
Pero ¿cómo innovar si no lo hacemos a partir de una idea creativa? A mí me gusta hablar de "creativación" como conjunción de las dos palabras y creo que es lo que necesita urgentemente nuestra sociedad para la solución de la mayoría de sus problemas.
Así como en los últimos años hablábamos de la sociedad del conocimiento, yo diría que ahora hemos comenzado una nueva etapa que denominaría como era de la creativación.
Entre muchas cuestiones a modificar en nuestras conductas para ser creativadores un primer concepto muy importante es que tenemos que aceptar el fracaso como principal insumo de la creativación.
El modelo de excelencia en innovación del Premio Nacional a la Calidad sostiene que; "Cuanto más cantidad de ideas entran en el proceso de decisión, mayor será el número de errores pero también mayor el número de aciertos.
Por eso, quien quiere que se generen muchas ideas, debe ser capaz de tolerar muchas equivocaciones si quiere obtener algún resultado.
Otra idea muy importante de la creativación es la de agudizar el pensamiento crítico. Aprender a cuestionarse el modo en que siempre se hicieron las cosas y estar dispuestos a la novedad.
Una tercera recomendación (hay muchas más) es crear dentro de las organizaciones espacios desestructurados, invertir recursos humanos y económicos y aplicar metodologías que favorezcan la consolidación de un ecosistema generador de nuevas ideas. Una última advertencia: al principio no va a pasar nada pero de a poco se irá finalizando la iniciativa.
Creo que si no aprendemos a crear e innovar, el futuro será mucho más complicado de lo que parece.
En este interpelador contexto: ¿Pensás que sos un creativador? ¿En qué decisiones de tu vida sentiste que estabas creando o innovando? ¿Qué cambios tenés que hacer para aprovechar las oportunidades que ofrece esta sociedad de la creativación a los creativadores?
Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad en Educación del Espacio Excelencia y de la Maestría en Nuevas Tecnologías (UCCuyo)
