Los sanjuaninos sorprendidos no podían creer el crudo relato de las crónicas de la época. Una mujer había asesinado a su hija enferma porque la tenía cansada. Todo sucedió el 15 de diciembre de 1998, poco antes de Navidad. La confesión de la madre dejó perplejos a los policías que no podían creer lo que escuchaban.
Los relatos indican que la muerte de la chica de 20 años de edad había sido friamente planeada. Un llamado telefónico en plena madrugada alertó a la policía. En él se alertaba sobre la presencia de una mujer que intentaba quitarse la vida, arrojándose de un puente en Rawson. Cuando llegaron al lugar, los uniformados lograron persuadirla pero las palabras que salieron de la boca de la mujer les congeló la sangre.
Todo comenzó en horas de la siesta cuando los vecinos del lugar se horrorizaron ante los gritos desesperados de la joven a la que estaban golpeando savajemente. Sin embargo, cuando los agentes llegaron al lugar, un miembro de la familia les dijo que no pasaba nada, que sólo se había una discusión sin llegar a mayores.
Según los investigadores, minutos después el padre de la casa salió a buscar ayuda porque al parecer la chica estaba muy alterada por la falta de medicación que tomaba regularmente. Cuando regresó, su esposa e hija ya no estaban. Desde entonces las buscaron en vano durante toda la jornada.
La chica sufría un severo cuadro de alteración mental desencadenado por la muerte de su abuela. Y la madre, ya no soportaba esa situación. Las pericias realizadas en ese momento señalan que le dijo a su hija que irían a pasear, cuando ya tenía en mente llevar a cabo su macabro plan.
Primero la llevó con engaños hasta una finca de Rawson, pero había gente y no quería que nadie sospechara. "Estuvieron bajo unos olivos y se cambiaban de lugar para evitar que las vieran", contaron los pesquisas. Así continuaron camino hasta llegar a calle Doctor Ortega cerca de San Miguel.
Fue la propia asesina quien les contó a los policías que allí había encontrado una propiedad cuya entrada estaba tapada por cañaverales. Allí la tomó del cuello y la sumergió en una acequia de riego. Los análisis de rigor indicaban que la víctima tenía lesiones en la boca, producto de los golpes que había recibido en su casa, un rasguño en su nariz, hematomas en su cuello y pecho. También las uñas lastimadas porque quiso defenderse.
Cuando la mujer ejecutó su escalofriante plan, arrastró el cuerpo de su hija unos metros contra la corriente, la sacó del agua y la colocó a un costado de la acequia. Luego deambuló por diferentes partes al parecer planeando su propia muerte.
El testimonio de los vecinos
"Nosotros nos imaginábamos que algún día iba a haber una muerte en esa casa. La misma abuela nos decía ‘qué irá a ser de esta niñita cuando yo me muera’ y no se equivocó la pobrecita. La trataban como a un animal, la golpeaban todo el tiempo", relataron los vecinos del lugar.
Dijeron que la joven había nacido con problemas mentales y que ese cuadro empeoró notablemente cuando falleció su abuela, cinco años antes. Es que era ella quien la criaba y cuidaba para que nada le pasara. Incluso llamaron a la policía en reiteradas ocaciones alertando sobre lo que sucedía. Pero cuando los efectivos se iban, se cerraban puertas, ventanas y pese al hermetismo, los gritos de la chica ponían los pelos de punta a quienes la escuchaban.
La asesina fue derivada al Hospital Mental de Zonda, donde según se supo, contaba lo que había sucedido como una testigo y no como autora del brutal episodio.
