Nos sentaron frente a frente en aquel set televisivo, para debatir sobre un tema controvertido. En un costado, sus amigas celebraban, eufóricamente, cada intervención suya. De repente, advertí que éramos dos mujeres subidas a un ring dispuestas a dar batalla. La consigna era vencer. La pregunta, entonces se volvió inevitable: -y la búsqueda de la verdad, -¿dónde queda? Porque la verdad no se impone a los gritos, ni se acalla con el dedo censor. La verdad, se busca, se descubre, como quien quita velos para llegar a ella. Y esa búsqueda es "con" el otro, no "contra" el otro. Verdad y Caridad son como alas que impulsan al espíritu humano a cumbres más elevadas. En ese sentido, resuenan las sabias palabras de Benedicto XVI: "Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la "economía" de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad" (Caritas in veritate, 2)
Buscando la verdad
Fue así que decidí escribirle en un papel una frase que le entregué en el corte. La frase pertenece al poeta español Antonio Machado (Proverbios y Cantares LXXXV) y decía: "¿Tú verdad? ¿Mi verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla". Ella sonrió con cierta complicidad. Lo cierto es que tuve la sensación de que ambas nos bajamos de aquel ring. No hubo pugilato aquella noche. Lo que sí hubo, fue un pacto tácito basado en el respeto mutuo y la no agresión. Sin esa alianza de caridad, la verdad suele transformarse en una bofetada que enrostramos al otro. Siempre he pensado que cuando abundan los gritos es porque faltan las razones.
De repente, el cuadrilátero se fue convirtiendo en un espacio de encuentro en las diferencias. Claro que es más fácil ser conciliador en el territorio de lo común, pero el verdadero logro no está en vencer, sino en abrir puertas hacia el otro. No ha de creerse por ello que alguna de las dos dejó de proclamar y defender sus convicciones. Pero lo hicimos con argumentos no con baldones (agravios) como enseñamos a los futuros abogados, en las Facultades de Derecho. Hoy, a varios años de aquel debate televisivo, sigo pensando que salir de la barricada fue la mejor decisión que tomé en ese momento. De alguna manera, los que militamos nuestras convicciones, alguna vez nos hemos subido al ring. Y hemos hecho de la defensa de nuestras ideas escenas de verdadero pugilato. Un deporte de contacto y autodefensa en el que los contrincantes golpean a su adversario con sus puños con guantes. Increíblemente, en este caso, el puño que golpea es la verdad que defendemos. Es que, sin caridad la verdad es ese puño que asesta el golpe, pero sin guantes. A veces, lamentablemente, nos parecemos a los gladiadores romanos que daban pelea hasta matar o morir.
La República no es un ring
Nuestra realidad política y social, tampoco escapa a la lógica del ring. Abundan políticos y dirigentes que hacen un culto al discurso de la intolerancia y la fragmentación. Hemos llegado al colmo de que esta lógica perversa que procura la cancelación del que piensa distinto, se da dentro de un mismo bloque o espacio, oficialista u opositor. Sin embargo, la política no es un deporte y mucho menos para derribar al otro. La política es vocación y servicio al bien común y al bienestar de los ciudadanos. Perdida esta brújula, la Política corre el riesgo de convertirse exclusivamente en facciones de lucha por el poder. O lo que es peor, puede volverse un cuadrilátero donde el adversario es un enemigo a vencer a cualquier costo. Pero hay un dato de la realidad que agrega aún mayor desconcierto: las despiadadas luchas internas que, con incredulidad y fastidio miramos los ciudadanos. Siguiendo la dinámica del ring, uno podría preguntarse ¿quién está en la otra esquina del cuadrilátero? ¿Los propios o los otros? También podríamos indagar quién es el Cesar al que saludarán rememorando la frase dicha por los gladiadores antes de la pelea: "Ave, Caesar, morituri te salutant" ("Salve, César, los que van a morir te saludan") Con seguridad, la República no es.
Por Miryan Andujar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
