Desde la llegada al poder, en el año 2000, Vladimir Putin se propuso fortalecer la economía de Rusia tanto para superar las crisis sociales internas tras la caída de la Unión Soviética y, una vez recuperado estructuralmente el país, buscar un reposicionamiento de poder regional y mundial. Se cumplieron las primeras metas y el Kremlin incursiona en el complejo escenario de la política internacional buscando un liderazgo que le es esquivo.
El envenenamiento con gas nervioso en Salisbury, Inglaterra, del doble espía Serguei Skripal y su hija Yulia, encendió una reacción en cadena de represalias encabezadas por el gobierno británico con expulsiones de los representantes de Moscú. Le siguió Estados Unidos, Canadá y 21 países de la Unión Europea, además del apoyo estratégico de la OTAN. Es la mayor expulsión de diplomáticos rusos de la historia, a los que Washington califica de “oficiales de inteligencia” amparados por la inmunidad diplomática.
Pero nada es nuevo en este contexto de intrigas y tensiones. Skripal, un oficial de inteligencia militar ruso preso en Moscú por pasar información sobre agentes rusos a varios países europeos, llegó al Reino Unido en 2010 mediante un canje de espías. Pero siguió incursionando en la riesgosa tarea de los servicios secretos hasta que fue silenciado por los rusos utilizando un gas neurotóxico prohibido por las convenciones sobre armas químicas.
La firmeza del gobierno de Theresa May parece tener éxito en la guerra psicológica entre Londres y Moscú, y que los rusos evitaban para no ser sancionados globalmente. Pero no es así, porque las secuelas del brexit dejaron desencuentros y los que siguen como aliados de Putin y lo han expresado manteniéndose “neutrales” afirman que el Reino Unido pide ahora solidaridad a la Unión Europea olvidándose que prácticamente y no pertenece a la comunidad de naciones.
Lo cierto es que la escena internacional se ha caldeado como nunca desde la época de la Guerra Fría.
Vladimir Putin se mantiene expectante, pero se hace sentir. El diario Izvestia señala que no es el fin de la escalada, “está claro que ésta se va a agravar, prevemos medidas aún más severas, sanciones económicas contra Rusia” porque se advierte una acción “rusófoba” que va a tener durísimas represalias.
