Las Petroleras y mega Mineras han persuadido al Estado que baraje la posibilidad de permitirles disponer libremente de una fracción del total facturado.

Por principio ético y de solidaridad social no es usual que un sector productivo o social pueda conseguir que una política general aplicada por el estado sea flexibilizada a su pedido, y obtenga que se consagre una excepción a la regla que obligue a todos los actores socio-económicos. Pero no es absoluto, sobre todo si se trata de una categoría de actores patrimoniales que en su balance general poseen amplios márgenes de rentabilidad en dólares y el estado necesita divisas que surgen de esas exportaciones. En este caso las petroleras y mega mineras han persuadido al estado que baraje la posibilidad de permitirles disponer libremente de una fracción del total facturado, de entre el 20% y 25% de los dólares que generan a través de sus exportaciones.

Aunque sea fraccional la excepción que está en vías de preparación, se creará un corredor cambiario de excepción a la norma general, en tanto se permita eludir el cepo a la categoría de empresas citadas, al menos parcialmente. Dichas empresas hacen el pedido de excepción aunque el cepo no les signifique finalmente ningún menoscabo en su patrimonio, y sólo transitoriamente obligarlas a que se queden en pesos durante un tiempo a partir de los cinco días de liquidar en el BCRA el contravalor de la exportación. Pero ¿son nuevas las razones que esgrimen las mega empresas , y, por otro lado, son nuevas las razones de doctrina económica que el estado está en trance de ponderación?. De ninguna manera, son reclamos que constituyen el ABC de un régimen de mercado libre, es decir, son de cuño liberal clásico, seguido con mayor énfasis por el neoliberalismo de los acuerdos novecentistas, que dieron fomento al consenso de Washington.

Estos son los predicamentos del pro-mercadismo liberal: como proposición general dicen que debe haber un clima de libertad de capitales porque de lo contrario se traban los mecanismos de funcionamiento de las empresas, como son 1) cancelar deudas en divisas, 2) girar dividendos en dólares, 3) enfrentar otro tipo de necesidades que vayan surgiendo en divisas. En definitiva piden un régimen de cambios no intervenido y una competitividad de la argentina que esté a expensas del libre juego de las fuerzas del mercado. Y todo ello asociado a la finalidad condicionante de que con ese marco se concretarán inversiones o más inversiones, o dación de trabajo, o, más fuentes de trabajo. No son distintos los argumentos que se usan en cualquier país no central, y con cualquier tipo de gobierno y ante un estado de situación con normalidad económica o con emergencia económica. Son los mismos argumentos que se usan para plantear que no haya retenciones, o si se imponen, que se reduzcan, y las mismas razones blandidas para justificar la privatización de la explotación de los recursos naturales y la inhabilidad del estado para explotar, aunque sea de modo mixto, sus propios recursos.

Y, de nuevo, son las mismas tesis esgrimidas para justificar que hayan más fuentes de trabajo, que haya más volumen de pago de impuestos y más contrataciones de sujetos vinculados indirectamente a la actividad. Ante lo cual se debe decir que crear o aumentar las fuentes de trabajo es lo normal de una empresa a tal punto que es un costo variable ineludible de su métrica contable y constituye un factor básico de la rentabilidad de la empresa.

El punto central de este tema es la disputa por los dólares de la exportación. Los argumentos de petroleras y mega mineras, es que los dólares nacidos de una exportación de un recurso natural no sean usados para su ingreso al sistema monetario doméstico. Y por otro lado el estado necesita de ese ingreso al sistema para tener más disponibilidades y anclas de respaldo para el desarrollo nacional productivo diversificado con énfasis en las pequeñas y medianas empresas y con sentido de desarrollo federal. En esencia y con especificaciones nuevas sobre las circunstancias de tiempo, lugar y nombres diferentes, es el constante eterno retorno de la disputa por la primacía en la conducción económica estratégica de una nación: esto es, prima una política pública, o, prima una lógica de mercado con dominancia de los grandes capitales concentrados. En el medio está la historia de esquemas de la avenida del medio que no han funcionado en el pasado, no obstante ello, y de cara al futuro, y a fin de salvar esa voluntad de acuerdo, habría que buscar nuevas y más efectivas formas de definir los máximos y mínimos de contribución al bien público que deben establecerse en esta materia.