Desde la caída de la Unión Soviética las repúblicas que la integraron tomaron vida propia, para pesar de Rusia que esperaba mantener una hegemonía federativa destinada a consolidar un bloque geopolítico frente a Occidente, y en particular de equilibrio con Estados Unidos. Tal vez el Kremlin nunca previó que la vecina Ucrania llegaría en 2013 a un histórico acuerdo político y comercial con la Unión Europea, incluyendo el apoyo de la OTAN que tanto irrita a Moscú.

Un año después Rusia se apoderó de Crimea, una península autónoma ubicada en el sur de Ucrania, argumentando que estaba defendiendo sus intereses y el de los ciudadanos de habla rusa del lugar. Tras la invasión de las tropas rusas se formalizó la anexión en un referéndum calificado de ilegítimo por el gobierno de Kiev y con el rechazo de la mayoría de los países del mundo.

Ahora el gobierno de Vladimir Putin recurre a la misma fórmula que preparó la anexión de Crimea: alrededor de 100.000 soldados rusos fuertemente pertrechados están desplegados en la frontera con Ucrania, no obstante las advertencias de Occidente por los movimientos agresivos documentados por la inteligencia norteamericana. De nada sirvió el acuerdo de paz entre los gobiernos de Moscú y Kiev, firmado en 2015, con repetidas violaciones y provocaciones.

Putin considera que el creciente apoyo de la OTAN a Ucrania, con armamento, entrenamiento y asistencia estratégica es una amenaza para la propia seguridad rusa, por lo que pide acuerdos legales que excluyan cualquier otra expansión de la organización atlántica hacia las fronteras de Rusia, a la vez que denuncia a Occidente por no haber cumplido las garantías prometidas, como no suministrar armas sofisticadas a Ucrania.

Existen otros intereses que se defienden con la política y las armas, caso del controvertido gasoducto Nord Stream 2, que suministra gas ruso directamente a Alemania y otras zonas europeas, a través de Ucrania, desde el Mar Báltico. Cualquier acción militar podría interrumpir el vital combustible o atacar selectivamente con cortes de energía a diferentes países. Es más, si Rusia elude con los cortes a las naciones del Este, ellas se quedarían sin las lucrativas tarifas de tránsito del fluido.

Las insinuaciones son graves, como el ciberataque masivo a Ucrania del viernes pasado, incluyendo los sitios web oficiales, que Moscú lo niega, pero las amenazas de los piratas informáticos coinciden con las advertencias rusas de que tengan miedo porque vendrá lo peor.