"Debemos consolidar esta democracia que tanto nos costó recuperar”. Esta frase, repetida hasta el cansancio, como un slogan, está tan bastardeada, que su utilización por parte de quienes sí que la ponen en peligro, más bien despierta desconfianza en la ciudadanía. La credulidad sobre esta retórica, está en su punto más bajo, y diariamente la prensa especializada da cuenta de los esfuerzos, conscientes o no, que hace la dirigencia política para llevársela puesta.

Los recientes acontecimientos en Brasil, por parte de extremistas aparentemente partidarios de Bolsonaro, despertaron aquí expresiones de repudio. Y deseos fervorosos de que cesen manifestaciones de este tipo, que generan un clima de inestabilidad y de amenaza cierta sobre la gobernación de Lula, recién llegado a la presidencia por mandato popular.

No se puede más que estar de acuerdo. Pero esos dirigentes nuestros ¿son conscientes de que en la Argentina, con sus acciones tiran cada vez más de la cuerda que sostiene la tan preciada democracia?  No hace falta batallones de forajidos irrumpiendo a cascotazos donde habita el poder. No hace falta que alguien gatille un arma sobre la cabeza de la Vicepresidente, y que la habilita para sostener que "no vienen por mí, sino por el gobierno popular”. No hace falta montar esa especie de teatro del terror, para que los argentinos nos demos cuenta que son otros, menos altisonantes pero igualmente efectivos, los procederes que en verdad amenazan la vigencia de las instituciones.

Se podría arrancar con la virulencia con que desde la misma cabeza del kichsnerismo, se debilitó "palo a palo” la figura presidencial. Dicho esto sin desconocer que el mismo Presidente ha demostrado ser un experto en eso de tirarse tiros en los pies. Uno a uno le fueron esmerilando sus colaboradores más cercanos, lo acicatearon con "tomá la lapicera y actuá”, le recomendaron que "ponga orden” en la casa de Olivos luego de las fotos de aquel cumpleaños. Por ahí una diputada nacional lo trató de "okupa, mequetrefe” y otras delicias que descargó sobre su persona.

Hoy, cualquiera se le anima y hasta lo patean estando en el suelo, como al pobre Báez Sosa. Ese escarnio sobre la máxima figura del Poder Ejecutivo, ¿no creen que son un verdadero atentado contra la democracia?

Mecanismos constitucionales

Existen otros mecanismos para expresar el descontento con un dirigente puesto a dedo y que, aparentemente, no hizo los deberes como corresponde. La patotería, el destrato, el insulto soez, no lo son. Para eso está la Constitución, que sabiamente pone a disposición los resortes para cuestionar a quién no está la altura de sus responsabilidades. "Dentro de la ley, todo. Fuera de la ley, nada”, decía el fundador del peronismo. Máxima desoída justamente por sus seguidores. 

Una alerta, la dio la máxima figura del oficialismo, cuando en 2015 se negó a entregar los atributos presidenciales a su sucesor. Y que tiene un antecedente, por tal circunstancia ahora traído a la memoria, cuando al asumir su segundo mandato en 2011, se hizo entregar los atributos por manos de su hija. O sea, ella infiere que el poder le pertenece, y que en manos de otros es ilegítimo. No otra cosa, se desprende de sus últimas declaraciones, cuando afirma que la condena por la causa Vialidad, lo que en el fondo pretende es proscribirla. Se sabe que no es real esta presunción, pero sirve para acercarse un poco a su manera de pensar la política. No es real, porque la sentencia aún no está firme, hasta tanto la Corte, vaya a saber cuándo, se expida sobre la misma. Es decir, nada le impide presentarse para cualquier puesto eleccionario. Pero prefiere inducir el tema de la proscripción, como sí lo estuvo Perón a su tiempo, con lo cual manda el mensaje de que cualquiera sea el elegido en las próximas elecciones, carecerá de legitimidad. Y en base a esa falla de origen, podrá ser asolado de todas formas posibles, porque también, parodiando a la diputada Vallejos, ese presidente será nada más que un "okupa”. Ese lugar, que por designio divino le pertenece a su Jefa.

 

Defender la democracia

Así es como se corrompe la democracia y se la pone en peligro. Como también lo son los ataques disparados, como quien "tira al pichón” hacia la Corte. Algún tiro le va a pegar. Al respecto, sin ser un experto en temas constitucionales, solo opino, me parece que el pedido de Juicio Político a la Corte, más allá de la certeza de los fundamentos, es un resorte previsto por la constitución. Debería dársele curso, y que decidan los 2/3 de la Cámara de Diputados, y luego el Senado, si aquellos fundamentos tienen validez suficiente como para sentar en el sillón de los acusados al máximo organismo judicial del país.

Todo está previsto en la Constitución. Todo lo que se juegue por fuera de ella, con aprietes, propaganda militante, operaciones ilegítimas de inteligencia, etc., no hace más que desestabilizar y poner en real peligro aquello tan preciado que se recuperó en 1983. Los tres poderes deben funcionar independientemente. Uno ejecuta, el otro legisla y el tercero juzga. Y si hay dudas, el mecanismo del juicio político, o los dictámenes del Consejo de la Magistratura, para aquellos jueces sospechados de parcialidad, están para ser ejercidos. Así se defiende la democracia. Que las instituciones actúen, y el resto de los argentinos nos avoquemos, pues, "a las cosas”, como decía el filósofo español Ortega y Gasset. 

 

Por Orlando Navarro
Periodista