El envío de una delegación de funcionarios brasileños a Venezuela y su posición respecto a este país, que le valió en la última cumbre regional el rechazo de Chile y Uruguay; la negativa a firmar una resolución de la ONU que condenaba los abusos de los derechos humanos en Nicaragua; el consentimiento para que buques de guerra iraníes atracaran en Río de Janeiro, y la negativa al envío de armas a Ucrania, en guerra con Rusia, sumado todo esto al hecho de haber eludido un encuentro con el presidente Volodímir Zelenski, son algunos de los acontecimiento más trascendentales en la nueva gestión del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que lo han llevado a convertirse en una excéntrica figura dentro del panorama internacional en el concierto de las naciones.
Las decisiones del mandatario están causando gran revuelo tanto en Estados Unidos como en Europa, aunque los expertos en política internacional sostienen que con este proceder está reactivando el principio de no lineamiento que Brasil mantiene desde hace décadas con el fin de trazar una política que salvaguarde sus intereses en un mundo cada vez más multipolar.
Se cuestiona a Lula que no sea claro en su proceder y que se haya volcado a ciertos lineamientos que están en contra de lo que establece Occidente. Sus vínculos con Venezuela, incluso con Rusia han sido duramente criticados ya que se trata, precisamente, de dos naciones que están actuando fuera de toda lógica democrática y en contra de la paz mundial.
El acercamiento a Venezuela ha tenido dos episodios, por un lado el envío de una delegación de altos funcionarios de Brasil que se reunió con el presidente Nicolás Maduro y que según fuentes de la cancillería concurrió con el objeto de promover en aquel país la democracia y la realización de elecciones transparentes. El otro capítulo fue cuando Lula, en el transcurso de la última Cumbre de la Región, defendió a Venezuela diciendo que "era víctima de una narrativa de antidemocracia y autoritarismo", lo que generó duras críticas por parte de los presidentes de Chile, Gabriel Boric, y de Uruguay, Luis Lacalle Pou.
El vínculo con Rusia se deduce de algunas actitudes como la de negarse a enviar armas a Ucrania, acordado por varios países que apoyan a ese estado, o eludir un encuentro, al término de la cumbre del G-7 en Japón, con el presidente Zelenski.
El anhelo de Lula de convertirse en gestor de la paz mundial, interviniendo en grandes conflictos como el de la guerra de Rusia con Ucrania, es loable pero no alcanza para ganarse la estima de los demás países de occidente, especialmente las grandes potencias que ven de reojo este accionar en medio de muchos desaciertos políticos.
