Hoy es el Día de los Reyes Magos, que despierta la ilusión entre los niños, mezclada con el relato bíblico de San Mateo.

Como cada 6 de enero, hoy celebramos la solemnidad de la Epifanía del Señor. Término acuñado por la liturgia de la Iglesia para mostrar la manifestación de Jesús a todos los pueblos de la tierra en la persona de los magos de oriente. No sabemos si eran reyes y si eran tres. La única vez que se narra este episodio es en Mateo 2:1-12, los demás evangelistas curiosamente no lo narran. Tampoco hay testimonios en la llamada literatura extra bíblica. Los críticos se preguntan ¿Qué quiere contarnos el redactor? ¿se trata de un acontecimiento histórico, una leyenda, una reflexión teológica dramatizada sobre el alcance universal del nacimiento del Salvador? Es un poco de todo eso. Para interpretar bien el relato debemos leer en función de la estructura literaria mayor en la cual se encuentra, el llamado evangelio de la infancia que nos trae Mateo. Comprende los capítulos 1-2, es una gran introducción que tiene valor de un relato programático sobre la falsilla de Moisés en Egipto y de ciertos anuncios proféticos. El autor va tejiendo el perfil maravilloso de Jesús.

"Unos magos venidos de oriente” 
El término griegos "magos” es un vocablo de procedencia oscura, suele traducirse por "mago” o "hechicero”. En la Escritura no encontramos algún paralelo que nos aclare el término. Fuera de la literatura bíblica encontramos una referencia importante en el sabio griego Herodoto, historiador y geógrafo (484- 425 a.C.). Hablaba de una tribu de medos llamada "los magos”. Los medos formaban parte del imperio persa; en un determinado momento de la historia intentaron derrocar a los persas y dirigir ellos los destinos del imperio. Pero no lograron su propósito. A partir de entonces los "magos” dejaron de tener ambiciones políticas y se convirtieron en una tribu de sacerdotes. Fueron, en Persia, casi exactamente lo mismo que los levitas eran en Israel. Llegaron a ser los maestros e instructores de los reyes persas. En Persia no podía ofrecerse sacrificio alguno si uno de los magos no estaba presente. Se convirtieron en hombres de gran sabiduría y santidad.

Los expertos bíblicos piensan que los magos mencionados por Mateo podrían haber llegado de Babilonia o Persia. Considerando que el imperio Romano dominaba hacia el Norte, Sur y Oeste de Palestina, es imposible que habrían dejado transitar estos magos a Jerusalén por estas tierras para homenajear un nuevo Rey. Ellos eran celosos de la autoridad de su emperador romano. Nos queda mirar solo hacia el Este.

A unos 900 km de Jerusalén se encontraba la ciudad de Babilonia, gran civilización antigua, que tuvo muchos puntos de contactos con el pueblo Judío a partir de las deportaciones hebreas en el año 597 y 586 a.C. Durante todo este periodo, judíos eran llevados a Babilonia, hasta tal punto que se piensa que llegaron a ser cerca de 40.000 desterrados. Se piensa que los magos podrían ser estos descendientes judíos, llamados técnicamente "judíos de la diáspora” que esperaban la llegada del Mesías. Otras teorías afirman que la influencia religiosa de Israel fue tal en Babilonia que los mismos babilónicos habrían sido familiarizados con la idea de la llegada de un Mesías en Israel, lo cual permitió que magos auténticamente babilónicos se hayan llegado hasta visitar a Jesús.

¿Por qué podrían venir de Persia?
Los primeros dibujos, esculturas y pinturas que se conocen de los magos muestran atuendos persas. En la Iglesia de San Apolinar Nuovo, en Ravenna, Italia, el friso de la imagen está decorado por mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las vírgenes. Esta procesión esta precedida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen, que está sentada en un trono y tiene al niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se lee los tres nombres de izquierda a derecha: Baltasar, Melchor, Gaspar. Otro dato que nos podría aportar la procedencia Persa de los magos es el siguiente: cuando los persas invadieron al Norte de Italia a principio del siglo VII, la iglesia de la Natividad de Ravenna se salvó del saqueo, parece que los invasores reconocían a las imágenes de los Reyes Magos como símbolos persas.

 

"VIMOS SU ESTRELLA EN ORIENTE"

El movimiento de las estrellas en el cielo siempre ha sido motivo de observación para los hombres, y siempre se ha vinculado aún en la Biblia, que el cielo tiene un correlato con la tierra, sobre todo con el nacimiento de personas que han marcado hitos en la humanidad. Que nazca el hijo de Dios es el acontecimiento más grande de la historia, el cielo lo expresa con un hecho estelar prodigioso.

Los Padres de la Iglesia han pensado que habría sido: un astro más brillante, una mega estrella, una estrella muy distinta a la que se ve en el firmamento. Y científicamente Kleper en 1614 una serie de 3 conjunciones entre Júpiter y Saturno (7 a.C), en el cometa Halley (12 a.C), una supernova, una estrella que aumenta exageradamente su luminosidad (podría tratarse del pulsar PSR 1919+10), o una doble ocultación de Júpiter tras la luna (6 a.C), la estrella Sirio, conocida por Mesori en Egipto, que se asomaba a la hora de la caída del sol (5-2 a.C). La enseñanza bíblica no busca un fin científico o astronómico sino un fin teológico espiritual. La estrella quiere indicar que un gran acontecimiento está pasando en el mundo. Una gran persona ha nacido, un gran Rey llegó a nosotros. 

¿Qué más allá de estas hipótesis, no tenemos pruebas contundentes para afirmar la procedencia real de los magos. Si los magos fueron de un lugar u otro no es esencial a la enseñanza teológica. La enseñanza bíblica quiere mostrar que estos personajes, que no eran de Jerusalén y que no manejaban las escrituras antiguas reconocen el nacimiento y la llegada de un Rey Mesías y creen en Él. Mateo muestra, de manera paradojal, que en definitiva, el Rey que nace, es más reconocido por los lejanos que por los cercanos: Israel. 

 

Por P. Fabricio Pons
Párroco de Nuestra Señora
de Santa Bárbara – Pocito