Comienzo de año y la misma frase: “Esos niños con problemas”. Comentarios de reuniones y pasillos, el centro del inicio escolar, como si el tema fuera el pilar del desarrollo curricular.
Niños con problemas…. Un comentario, ¿un pesar o lo que se cree como una realidad?
Mirando a mi alrededor y contemplando la naturaleza pude disfrutar de la belleza que nos brinda, variedades inigualables y qué desastre hacemos con ella. Pregunto: ¿es un problema la naturaleza o el problema somos nosotros?
Al llegar a estas líneas se preguntarán ¿qué tiene que ver la naturaleza con los niños? Y puedo afirmarles que mucho o todo. Tanto la naturaleza como los niños, jóvenes y adolescentes son vulnerables en el inmenso mundo en el cual nos sumergimos día a día, vulnerables con necesidades propias para su desarrollo, las mismas de un yo interno que sólo debemos aprender a escuchar.
Niños con problemas…, más bien diría: seres con luz propia que no debemos opacar, sino hacerlos sentir que son un único tesoro. Con dificultades las cuales los adultos, responsables de su desarrollo psico-social, deberíamos tomar como un gran desafío. Desafío que seguramente generará grandes satisfacciones ante una tarea realizada correctamente, con amor y dedicación.
Debemos aprender a invertir tiempo en ellos y por ellos. El tiempo brindado día tras día no debe verse como una pérdida, sino como una inversión que a largo plazo dará grandes frutos.
Debemos creer y estar seguros de que sí se puede. Son nuestro futuro y el aprender a sentirse escuchados y amados hará de nuestros niños, jóvenes y adolescentes un positivo potencial social.
¿Cómo invertir el tiempo?
Padres: Estar atentos a cada requerimiento de los hijos. Escucharlos fijando la mirada en ellos.
Buscar soluciones y nuevos caminos en forma mancomunada. Asistir a las instituciones educativas para conocer el desarrollo de los chicos. No realizar reproches dirigidos a docentes frente al educando.
Participar de las actividades requeridas por las instituciones educativas. Apoyar al docente ante pedidos solicitados que se relacionen con el desarrollo del educando.
Docentes: Conocer a cada uno de los educandos. No prejuzgarlos a partir de comentarios sobre sus trayectorias. Escucharlos y darles tiempo. Recordar que cada educando es único, con sus virtudes y dificultades. Acompañar cada trayectoria conscientemente. Acordar periódicamente reuniones con padres y gabinetes interdisciplinarios. Informar a las autoridades inmediatas sobre las trayectorias de los estudiantes.
Directivos: No perder de vista la tarea docente por el desborde administrativo. Acordar reuniones periódicas con equipos docentes para conocer el desarrollo de los educandos. Realizar seguimiento sobre las trayectorias con ajustes en sus desarrollos. Participar de las reuniones con padres, docentes y equipo interdisciplinario. Abordar las reglamentaciones educativas vigentes que ayudarán a visibilizar las posibilidades de aplicar variadas trayectorias para educandos con dificultades.
Querer es poder y nuestros estudiantes tienen el derecho de disfrutar de una educación plena, que deje en ellos huellas de amor y transformación.
Como parte de una sociedad que avasalla tenemos el deber de dar por nuestros niños, jóvenes y adolescentes, lo mejor: “Una educación de calidad, de calidad humana”.
Cecilia Carina Carabajal
Docente de Educación Primaria. Especialista Superior en Educación Inclusiva.
Diplomada en Neurociencias y Epistemología Social.
