
Como han manifestado numerosos historiadores a partir de 1886 la salud de Domingo Faustino Sarmiento comenzó a decaer. Años anteriores le habían diagnosticado una dolencia cardiaca, acentuada por una bronquitis crónica, secuela del tabaco. A estos achaques se sumaban los sufrimientos espirituales, producto de trágicas circunstancias ocurridas tiempo atrás, que lo entristecieron profundamente. Una de ellas fueron las muertes de sus amigos Dalmacio Vélez Sársfield y la de su coterráneo Salvador María del Carril.
Por su quebrantado estado físico trató de evitar los inviernos porteños y viajó al Paraguay, buscando un clima más propicio. Sarmiento realizó dos viajes a este país, entre julio y octubre de 1887 y a partir de mayo a septiembre en 1888.
Este último lo realiza en el vapor "Cosmos". En el itinerario rumbo a Asunción es objeto de homenajes y variadas muestras de aprecio. Lo acompañan su hija Ana Faustina y su nieta María Luisa. En la capital paraguaya se instala en una pequeña casa dependiente de un antiguo hotel. Allí a pesar de los avatares físicos y anímicos continúa con sus quehaceres intelectuales, dedicándose a escribir y pensar en nuevos proyectos, amenizando estas labores con trabajos campestres.
El entonces Ministro argentino en Paraguay Martín García Merou historió la estadía del expresidente diciendo: "El general Sarmiento ignoraba la pereza y no comprendía la inactividad física ni intelectual. Admirablemente repuesto de la bronquitis que lo alejó de Buenos Aires, empezó desde luego una serie de trabajos que bastan para revelar cuán grande era la fortaleza de su organización…". También Manuel Gálvez se refiere a la vida del sanjuanino, aportando detalles anecdóticos: "Escribe con abundancia a San Juan. Complácele que se celebre el centenario del nacimiento de Laprida, lo que se hará el 9 de julio… Sarmiento es visitado por mucha gente. Hasta resulta un programa dominguero para los paraguayos ir a verle. El tranvía llega hasta la misma puerta de su morada. No falta quien le lleve flores. Alguien le manda manzanas todos los días; y el Ministro argentino unos caldos riquísimos. Él convida a sus visitantes con sidra de San Juan". Entre las visitas que acogió destacamos la presencia de Aurelia Vélez Sársfield, el gran amor de su vida. Pero los augurios inexorables sobre su salud no se demoraron. Al llegar septiembre sufrió una recaída siendo preciso sentarlo en un sillón para calmarlo. Días después él mismo requirió que lo acostaran. Falleció en la madrugada del 11 de dicho mes.
Por el Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magíster en Historia
