Señor director:

Hacer trámites en el Centro Cívico es una tarea común para todo ciudadano que cumple con sus obligaciones con el Estado. Sin embargo, muchas veces, el contribuyente no es tratado como mandan las buenas costumbres de una sociedad civilizada. Se supone que toda persona que trabaje para el Estado, ya sea provincial como nacional, debe dar el ejemplo de respeto y educación al resto de los ciudadanos. Claro que de ninguna manera se puede generalizar. Las palabras despectivas, malos tonos, ironías de mal gusto, actitudes soberbias por parte de empleados, dañan su imagen.

Los contribuyentes observan a diario a empleados que atienden con mala gana y privilegian su "desayuno” repetidas veces. Se sienten omnipotentes, con el trato hacia quienes les pagan el salario, que son precisamente los contribuyentes. Es de esperar que las más altas autoridades de gobierno bajen lineamientos a funcionarios de diferentes rangos, con el fin de que se haga cambiar la actitud de esta clase de personas que atiende al público.