La maravillosa obra del recordado artista plástico sanjuanino, se encuentra frente al Centro Cívico, por avenida Ignacio de la Roza entre España y Las Heras. Un monumento digno de visitar y admirar.

Transcurriendo enero, mes donde la Naciones Unidas instauraron el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, viene a mi recuerdo algunos diálogos mantenidos con Mario Pérez en los momentos donde empieza a diseñar lo que hace al monumento que nos enorgullece a todos los sanjuaninos, donde recuerda la tragedia del holocausto y el levantamiento del gueto de Varsovia.

Uno de sus principales temores que expresaba Mario, era que no se minimizara lo que había sido el holocausto ante lo inconmensurable de su magnitud y de lo limitado que él sentía que podía transmitir desde la obra que él estaba creando en nuestra provincia.

Más allá de los libros que había leído y de diversas conversaciones que había tenido en el tema como Graciela Jinich entre otros, seguía repensando el abordaje de la obra.

Era un memorial, una obra de arte, un monumento de conmemoración y homenaje. Él me recordó la frase que habíamos leído de Theodor Adorno donde decía que era casi imposible escribir poesía después de Auschwitz.

Empezó Mario a querer leer fuentes bíblicas, se preguntaba por qué el museo del holocausto en Israel se llama Yad Vashem y encontraba la respuesta. Se preguntaba sobre qué decía el talmud sobre la búsqueda de justicia y encontraba la respuesta, y luego se preguntó qué decía el antiguo testamento sobre representar plásticamente aspectos de enorme magnitud y de complejo abordaje.

Mario primero llegó a la frase del antiguo testamento donde en Éxodo se le prohíbe al pueblo hacer imagen alguna, ni con semejanza a cosas que se aprecian en el cielo, ni en la tierra, ni en las aguas, ni bajo de ellas ni honrarlas ni inclinarse ante ellas. Me expresó que ello no lo limitaba en forma alguna, ya que su obra aspiraba a la reflexión, a la construcción de memoria, al aprendizaje y además aspiraba a ser universal teniendo como destinatario a quienes creen en Dios como para aquellos que no son creyentes. Pero luego encontró en el mismo antiguo testamento, en el mismo Éxodo, que Dios dice que en la persona de Betsalel, ha encontrado a una persona que será llenada con el espíritu de Dios y sabiduría para hacer trabajos artísticos orientados hacia aspectos de trascendencia y fe.

Tal vez Mario Pérez allí ve que Dios también puede estar en los hombres para hacer a lo creativo, tal vez eso lo movilizó, tal vez sólo le pareció anecdótico.

Hoy, Mario Pérez no está entre nosotros para preguntarle, sí está el legado de la obra que nos dejó frente al Centro Cívico, y sí está el nombre Betsalel escrito entre los diversos nombres que están en el muro principal del monumento.

 

Por Leonardo Siere
Presidente de la Sociedad Israelita de San Juan