Tratándose de él hasta la certeza más evidente se vuelve controversia. Domingo Faustino Sarmiento no se llamaba Domingo ni había nacido cuando decía. De la misma manera que los agentes secretos, las estrellas de Hollywood o los pontífices eligen su propio nombre e identidad, nuestro prócer desde muy temprano trazó su plan de vida desde los hechos y sobre todo desde el relato. Podríamos decir que Doña Paula, su amada madre, lo trajo a la vida pero Sarmiento se forjó a si mismo como todo prohombre que dedicó sus mejores esfuerzos a hacer que su país se desarrollara no sólo desde el punto de vista de la educación, como todos conocemos, sino aportando su sapiencia y sabiduría para dotar a la república de aquellas instituciones que fueron básicas para una nación que comenzaba su proceso de consolidación y crecimiento.

Es por eso que decimos que el nacimiento de Sarmiento, que hemos recordado el pasado martes 15 del corriente, representó para nuestro país uno del hitos más trascendentes de su historia porque contribuyó a que se inaugurara una de las etapas más promisorias vinculadas al desarrollo de una nación que nacía al mundo como uno de los estados más notables de la Tierra.

"Autodidacta, empeñoso, severo en sus metas, trazó su proyecto y fue moldeándose a pedido de sus ideales. No sólo se dio un nombre y una fecha de nacimiento, buscó ser lo que deseaba y lo logró…"

Su acta de bautismo, equivalente a nuestras partidas de nacimiento en tiempos que no existía el Registro Civil, reza: "En esta Iglesia Matriz de San Juan y Parroquia de San José un quince de febrero de mil ochocientos y once años: Yo el teniente de cura puse óleo y crisma a Faustino Valentín de un día, hijo legítimo de José Clemente Sarmiento y Doña Paula Albarracín".

En la cuestión del nombre es más que claro que eligió como oficial el apodo que le dio su madre. Según algunos evocaba al santo protector de la familia y para otros, con no pocas razones, ella había elegido ese nombre y fue desoída al momento de asentarlo.

Siguiendo con el plano de las curiosidades, la fecha del 15 de febrero, que el propio Sarmiento se adjudicaba como su cumpleaños y que llevó muchas veces a tener que aclararse convenientemente, la tomó del día de su bautismo.

Esto demuestra que Sarmiento tenía una forma muy particular de asumir su vida y cumplió en carne propia el sueño americano de su admirado país del norte, donde cada niño sin importar su origen o condiciones familiares puede convertirse en lo que desee. Autodidacta, empeñoso, severo en sus metas, trazó su proyecto y fue moldeándose a pedido de sus ideales. No sólo se dio un nombre y una fecha de nacimiento, buscó ser lo que deseaba y lo logró: dueño del pensamiento más claro para construir la grandeza de un país, la educación.

Puede pensarse que era más oportuno, en rigor de verdad, hacer este recordatorio al natalicio de nuestro prócer hace cuatro días, el 14 de febrero. Sin embargo, en tiempos donde estamos dándole el lugar merecido al deseo y la autodefinición como derecho humano ineludible, celebramos a don Domingo el pasado 15 de febrero, día que él eligió para dar punto de partida a su gran existencia.