Si a alguien le quedó dudas que las evapore. Porque este equipo mostró solidez, juego, armonía y notables apariciones individuales. En realidad todo un combo de madurez. La Selección Argentina de fútbol se metió en los Octavos de final del Mundial Qatar 2022 y lo hizo con autoridad. Demostrando que todos los pronósticos previos al inicio del Campeonato no estaban errados. Que tuvo la inteligencia y autocrítica de haber perdido sorpresivamente en el debut y después recomponerse con dos triunfos importantes que le valieron inclusive hasta ganar el Grupo C.
Ese renacer no llegó de casualidad. Llegó porque este plantel albiceleste -incluidos jugadores y cuerpo técnico- se aguantó el cimbronazo de caer ante Arabia Saudita, apretó los dientes y se concientizó que tenía que mostrar otra cara. No aquella sin ideas del debut porque pese a que mereció más ante los sauditas se obnubiló con un juego frontal pero sin las variantes necesarias para romper un esquema raro, hasta suicida, que presentó el rival. Porque defender en línea y adelantado va más allá de lo normal por éstos días. Sin embargo la Argentina careció de la lucidez apropiada para destrozar esa jugarreta. Incluyendo esa cuota excesiva de confianza y el sentimiento de superioridad ante un rival en los papeles de menor poderío.
Pero después de aquel golpe es donde tuvo la reacción para cambiar. Para hacerlo a tiempo. Y para ganarle a México sin antes sufrir porque el camino no lo encontraba. Y sí, tuvo que aparecer Lionel Messi. El símbolo. El emblema argentino. Y la estantería, que parecía venirse abajo, se reacomodó fortaleciéndose como nunca. Tanto que el pibe Enzo Fernández terminó de cerrar esa victoria tan necesaria como el agua en las tierras desérticas de Qatar.
Y Enzo Fernández fue una muestra de lo que empezó a cambiar el técnico Scaloni. Esa renovación de la sangre nueva, dándole espacio a los debutantes en este Seleccionado. Como el propio Fernández (21 años), también Julián Alvarez (22 años) y Alexis Mc Allister (23 años). Una cosa de locos los pibes. Tanto que cada uno ya se despachó con un gol. Como para que los +viejos+ sepan que hay otros jugadores que los acompañan en la patriada.
Ayer frente a Polonia, ya con un semblante distinto, más parecido al que daba tanta confianza antes del debut, el equipo jugó distinto. Fue atrevido. Encarador de todo punto de vista. Con variantes. Con un fútbol que da gusto ver. Así se llevó por delante a los polacos. Con Lewandowski siendo un llanero solitario e imposibilitado de alcanzar su eterna efectividad. Siendo solidario con el propio Messi porque, se sabía, el +10+ iba a tener marca hasta cuando respirara. Entonces fueron apareciendo los otros. Di María, Acuña, Julián Alvarez y Mc Allister. Una mezcla de experiencia y juventud que destruyó todos los planes de Polonia. Porque el equipo europeo aguantó en el primer tiempo el dominio abrumador del equipo argentino. Inclusive su arquero Szczesny le atajó un penal a Lio Messi, algo anormal si se quiere.
Pero en el segundo tiempo a Polonia se le vino la noche con ese gol madrugador de Mc Allister y ahí casi que terminó la historia. Después el golazo de Julián. Y la movilidad permanente de los dirigidos por Scaloni. Los polacos no se animaron ni a salir al frente con el 0-2. Y gracias a la ineficacia de mexicanos y árabes se quedaron con el segundo lugar para clasificar a cuartos de final.
Conclusión: A la Selección Argentina le vino bien ese cachetazo del debut. Y le vino bien porque tuvo la capacidad de reaccionar ante una circunstancia adversa. Y volver a sus fuentes. Se vienen rivales complicados (el inmediato es Australia el sábado) pero la mala onda cambió para los argentinos. Así vale la pena creer en este grupo. Y también ilusionarse hasta con el objetivo mayor…
