Como es habitual en años electorales, la incertidumbre política y las dudas sobre la macroeconomía presionan al mercado cambiario, generando una mayor búsqueda de dólares y por ello la caída diaria de las reservas netas del Banco Central, estimada en unos 90 millones diarios de la divisa norteamericana, debido a la brecha entre el cambio oficial y la de cotizaciones libres en torno al 87,5% en estos días.

La mayor presión del cepo cambiario tiene disposiciones complejas para el ciudadano común, pero ante el análisis de los especialistas todo indica que repercutirán en la marcha de la macroeconomía, desde las expectativas de inversión empresaria frente a la constante incertidumbre en las reglas de juego, como en la vida diaria cuando comiencen a faltar productos con insumos importados, desde medicamentos a insustituibles equipamientos industriales.

El espíritu de la normativa de la Comisión Nacional de Valores apunta a terminar con el denominado "rulo" financiero entre el dólar contado con liquidación y el común, creando la figura del "Senebi", una operación por fuera de las pantallas del mercado abierto y en el que participan grandes firmas que acuerdan como compradores o vendedores un precio para la transacción diferente al que marca el mercado cambiario.

Las nuevas restricciones para operar con divisas son decisiones técnicas complicadas que reflejan la pérdida diaria del Banco Central, pero no cambian la esencia del problema, aunque sí complican la economía que siguen con parches y lejos de un programa cierto de recuperación, sin saber cómo seguirá la conducción ministerial después de las elecciones de noviembre.

Lo que necesita el crecimiento económico de la Argentina son estímulos mediante políticas de Estado para reducir la presión tributaria con récord de impuestos, reglas de juego claras para la inserción en el mundo, crear fuentes de trabajo digno con cambios en las asfixiantes regulaciones laborales y un auténtico desarrollo federal.

Se debe salir de la incertidumbre permanente, pensando en lo que podría pasar en lo inmediato, para mirar el horizonte macroeconómico a partir de un acuerdo con el FMI de manera de abandonar la coyuntura y todo en el marco de un gran acuerdo nacional, dejando de lado la puja por el poder político y sectorial, marginando de esa manera al desarrollo. Tenemos que olvidar las frustraciones permanentes.