Señor director:

Siendo niño aún, en esas largas noches invernales, mis tíos y tías abuelas relataban episodios de un pasado no muy lejano, de 1950 aproximadamente. Era acerca del exiguo tránsito de la entonces calle Urquiza, antes Las Tapias y al presente calle Salta. Los relatos hacían referencia al paso del río y a los vadeadores chimberos, derrotero muy utilizado en la época de la vendimia, desde Albardón (localidad de Las Tapias) hasta la Bodega Graffigna, en zona de Capital, en las cercanías de Chimbas. El paso del río a esta altura, era uno de los más aptos para franquearlo, guiado por los nombrados "baqueanos del agua". En esa época, la actual calle Salta era casi una huella, porque recién se pavimentó en la década de 1960 cuando estaba rodeada de una tupida arboleda, especialmente de eucaliptos, conformando un túnel. Este paso era traspuesto por rústicos carros tracción a sangre, tirados por cuatro mulas. Los carros venían repletos de uva de excelente calidad, de las variedades cereza o moscatel, de los parrales de Las Tapias. Me relataba una de mis tías abuelas que la poca gente que habitaba estos lares salía a observar esta flota de carros, que en su mayoría pertenecía a un chimbero llamado Cantalicio Paredes. Esta caravana avanzaba de manera lenta hacia el Sur, hasta trasponer la pequeña lomada de la actual avenida Benavídez. Ya los vadeadores habían quedado atrás, prosiguiendo su tarea. Además de carros, pasaban los nobles camiones Ford A, para lo cual otras pericias eran necesarias, como taparle el distribuidor para evitar el contacto con el agua, tarea en la que también se "perfeccionaron" los vadeadores.

 

Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magister en Historia