
Una agente de Policía de 30 años que está presa desde el 24 de julio del año pasado aceptó 12 años de prisión en un juicio abreviado por haber cometido prácticas sexuales que sirvieron para corromper o desviar el sano sentido del sexo en el hijo de quien era su pareja, que por entonces tenía 13 años.
El caso estalló cuando el menor le contó a sus primos sobre las experiencias sexuales que había tenido con la mujer de su papá.
Ese relato fue grabado por uno de los niños, llegó a su mamá que es hermana del papá del chico involucrado. El hombre consultó a un psicólogo, le avisó a su ex y denunció el caso. Informalmente, aquella vez trascendió que, acorralada, la mujer policía admitió ante su pareja haber tenido sexo con el niño porque "es débil".
Cuando la madre del chico se enteró de lo que había pasado comprendió el repentino cambio de conducta de la sospechosa con sus hijos, a los que incluso había maltratado. Por eso entendió por qué se ofrecía a ayudar al menor con sus tareas, llevarlo a la escuela o al cine.
La prueba más comprometedora contra la policía se produjo en Cámara Gesell, donde el menor detalló cómo fueron esas prácticas sexuales, al menos cuatro entre junio y julio del año pasado.
