En estos días del llamado tiempo de adviento, que hemos empezado, es bueno ir reconcentrando, de manera paulatina, la atención en la escena del pesebre, mirando a Jesús, José y María. Pero también no olvidar y dialogar en la oración con un personaje de gran envergadura que nos enseña mucho como es "Juan el Bautista”. Fundamental para la llegada del Hijo de Dios.
Cuando abrimos los evangelios, "corazón de la Sagrada Escritura”, abren sus narraciones presentando al Bautista como un "personaje gozne”: es el último actor sagrado del Antiguo Testamento y al mismo tiempo es quien abre el Nuevo. Aparece mencionado 46 veces en los escritos del Nuevo Testamento de dos maneras, con el nombre "Juan” y con el calificativo precedido por el artículo griego "o” (él) referido a su tarea: "bautista”, es decir, "Juan el bautista”. El evangelista que más lo cita es Mateo (16 veces) y en segundo lugar Juan (12 veces). Muchos aspectos podríamos desentrañar de este rico personaje. En estas líneas solo diremos algo del Bautista como "precursor del Señor”.
Los evangelios lo presentan como aquel que antecede a la manifestación pública de Jesús preparando al pueblo espiritualmente. Es descripto como un predicador solitario, vestido de manera sobria, en el ámbito del desierto de Judea, invitando a recibir un baño de purificación para el perdón de los pecados. Su predicación se mueve en torno a dos ejes: la auténtica conversión interior y la llegada inminente del Reino de los Cielos en la persona de Jesús. Los evangelios sinópticos resumen su actividad "precursora” respaldándola en una cita del profeta Isaías, 40,3: "una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos".
Los evangelios presentan a Juan el Bautista como aquel que antecede a la manifestación pública de Jesús preparando al pueblo espiritualmente.
Así, la persona del Bautista es la voz esperanzadora que advierte la llegada de Jesús haciéndose para los corazones creyentes de Israel camino preparado y sendero allanado.
¿Por qué vive y predica en el desierto? La expresión "desierto” tiene una doble connotación: a) geográficamente el Bautista habría habitado en la zona del valle inferior del río Jordán, cerca de Jericó, en la desembocadura del Mar Muerto; b) simbólicamente: el desierto siempre fue para Israel el lugar del encuentro con Dios: la liberación de Egipto hacia la tierra prometida se da caminado por el desierto, Elías se fue cuarenta días al desierto para ver dónde pasaba la presencia de Dios, en las antiguas profecías de Oseas le habla a Israel diciendo: "los llevaré al desierto y les hablaré al corazón” (Oseas 2,16). El Bautista al esperar la aparición de Jesús se ubica en la misma línea de los profetas y de la llamada apocalíptica judía esperando la manifestación de Dios. El desierto dicen los rabinos judíos, es el lugar de la Palabra. En hebreo el término desierto es "midbar” y curiosamente el término "palabra” es "dabar”, tiene las mismas consonantes "dbr”, la "palabra que es Cristo” se manifestó desde el desierto.
El bautista se alimentaba con los productos que le ofrecía aquella región semidesértica. La "miel silvestre” la producían las abejas en los huecos de los árboles y en las hendiduras de las piedras. Las "langostas” eran asadas al fuego o cocidas con agua y sal. Vestido con una "piel de camello y un cinturón de cuero en sus lomos” describe el ascetismo del Bautista acompañado de su cruda predicación. Este modo de vestir recuerda al profeta Elías mencionado en el libro de los Reyes (1,8).
De esta forma el Bautista nos enseña un camino de esperanza, humildad, sobriedad y reencuentro sincero de nuestro corazón con Jesús que se acerca.
Por Pbro Fabricio Pons
Párroco de Pocito
