Señor director:

Con motivo de recordar hoy, el paso a la inmortalidad del Maestro de América, Domingo Faustino Sarmiento, quiero compartir con los lectores de vuestro diario esta poesía titulada "¡Que nunca muera!”.

Al llegar el otoño con sus ramas secas,/ entre trinos de pájaros, la campana suena;/ en el patio, con la vista fija en la bandera,/ de pie, vestida de blanco, ¡una maestra!/ espera a las copitas de azúcar que desde las laderas/ vienen dibujando preguntas entre las piedras;/ son niños que cargan por vez primera,/ sobre sus espaldas libros, en lugar de leñas.// Como por arte de magia, surge una letra,/ es la inicial que marca el comienzo de una era;/ se escribe la palabra "patria”, San Juan se deletrea,/ los próceres narran la historia de la independencia,/ se multiplican montañas, se divide el planeta,/ se habla de aguas que se enlazan en la arena,/ se hermanan las almas y entonan el himno de Blas Parera.// Año tras año, se repite la escena;/ se abren las aulas, terrones de azúcar endulzan la escuela;/ los meses pasan, la Navidad se acerca;/ se cierran las aulas, la campana se queja.// Casi sin sentirlo, la maestra/ va dejando sus fuerzas para que la ignorancia ceda;/ el alumno, ya es hombre, "¡doctor en letras!”/ un ciclo se ha cumplido, otra alborada despierta/ y como vigorosos retoños de las viñas nuevas,/ siempre hay niños en torno a la bandera/
y junto a los niños una maestra/ haciendo patria sin armas ni guerras.// ¡Oh!…¡Dios!/ Que esta historia nunca muera.

 

María Clara Agolio
Grupo literario:
Las Ñustas y el Sol