
En este itinerario del amor que venimos desarrollando en artículos anteriores, los "recién casados" tendrán el desafío del reajuste de personalidades, de la adaptación y de la aceptación del otro con sus virtudes, defectos y limitaciones. Escribe el papa Francisco: "La crisis de los comienzos, cuando hay que aprender a compatibilizar las diferencias y desprenderse de los padres" (AL,235).
Al casarse, hombre y mujer, tienen la tarea de construir un nuevo sistema matrimonial, una nueva familia, con características propias e independientes, como enseña la Escritura: "Los esposos dejan a su padre y a su madre, se unen y se hacen una sola carne" (Gen 2,24).
Ha llegado la hora de ser "cónyuges", compañeros de vida, de asumir los roles y responsabilidades de cada uno en el hogar y "tirar" juntos para el mismo lado, donde el amor, respeto, ayuda y colaboración, deberán estar presentes siempre.
Ciertamente, ello trae consigo un bagaje de costumbres, modalidades y expectativas que han heredado de sus familias de origen. Sin embargo, en este período de ajuste para la vida matrimonial, se deben adaptar mutuamente al nuevo sistema que han originado.
- Relación familiar
La relación con la familia de origen de los nuevos esposos puede acarrear dificultades para asumir el rol de cónyuge. Por ejemplo, cuando un miembro de la pareja pasa demasiado tiempo en la casa de sus padres, o cuando toma decisiones prefiriendo consultarlo con sus padres en lugar de con su pareja, o cuando hay dependencia económica y emocional, etc. También es necesario que los nuevos esposos no permitan la intromisión excesiva de los suegros.
Podemos señalar los siguientes objetivos en esta etapa:establecer su propia identidad matrimonial; lograr adaptarse mutuamente haciendo los ajustes pertinentes; comunicar y dialogar sobre los distintos aspectos matrimoniales; negociar la relación con la familia de origen; establecer el uso de los tiempos libres; evitar la lucha de poder, y compartir los roles y la autoridad; adquirir habilidades de convivencia para solucionar los conflictos; evitar que el trabajo y demás actividades dañen la relación, logrando el equilibrio; determinar tiempos para estar solos, para divertirse, pasear, etc.
- Enfrentar las crisis
Escribe el Papa Francisco: "La historia de una familia está surcada por crisis de todo tipo, que también son parte de su dramática belleza. Cada crisis implica un aprendizaje que permite incrementar la intensidad de la vida compartida" (AL,232). "Porque en el fondo reconocen que cada crisis es como un nuevo "sí" que hace posible que el amor renazca fortalecido, transfigurado, madurado, iluminado (AL,238).
El matrimonio exige el esfuerzo personal para perfeccionarse, para crecer y evolucionar. Una de las asignaturas más difíciles de aprender y de vivir, sigue siendo "el arte de amar". El enamoramiento, siendo algo maravilloso, está llamado a evolucionar y convertirse en el compromiso serio y sacrificado prometido en el altar.
Por Ricardo Sánchez Recio
Orientador Familiar, Lic. en
Bioquímica y profesor
