"(…) señalaste en el Payo un detalle esencial que yo no había podido encontrar, pero que sabía estaba ahí: la tristeza infinita de su mirada…".

A un conocido periodista que una vez me compartió sus reflexiones sobre el querido "Payo" Matesevach, y que me confiara que quiso volcarlas desde su vieja "Olivetti" a teclas añosas, quizá porque en esa usina vivió sus mejores emociones, le contesté de un modo que quiero compartir con ustedes porque ambos hablábamos de un gran ídolo de nuestra tierra. Le dije entonces:

"¿Cómo te sentiste cabalgando de nuevo la vieja Olivetti? Al fin y al cabo, debo confesar que no me interesa tanto el detalle; lo que sí me interesa es pedirte que no te bajes más de ella. Parece que ese caballito de hierro adorador de historias y misceláneas de la vida te hace bien, porque la nota que le escribiste al entrañable ‘Payo’ es hermosa. Y me cuesta creer que sea algo aislado. El que escribe bien no lo hace de casualidad o transitoria inspiración. Es un don indoblegable e irrenunciable que no se puede desaprovechar porque ‘El de Arriba’ lo suele dar en cuentagotas.

Amigo: señalaste en el Payo un detalle esencial que yo no había podido encontrar, pero que sabía estaba ahí: la tristeza infinita de su mirada. Y lo tocaste con tu amor, dedicándole frases bellísimas, merecidas, trascendentes. 

Este hombre singular que nos visitó a los sanjuaninos para regalarnos hombría de bien y humildad y que de pronto se fue de aquí, merece estas caricias. Como esos forasteros que llegan a los viejos pueblos casi casualmente y dejan una estela de murmuraciones, suspicacias y envidias entre los mediocres, el Payo cayó a esta tierra tan extraña y contradictoria desde lo celeste de la sencillez y la disimulada grandeza. Fue amado, idolatrado y también por algunos mal tratado. José Ingeniero pintaba al hombre mediocre como el envidiador por antonomasia. Los mediocres sufren el éxito y la luz ajena. Desde las sombras no puede aguantar el arco iris al que no pertenecen. Los éxitos de los que carecen lo predisponen a la antipatía y la negatividad crónica.

Querido amigo: me hiciste feliz, aunque casi lloré. Compartir lo bueno nos hace mejores. Estoy agradecido de haber descubierto un excelente escritor que se escondía (tímido, humilde) detrás de un gran periodista. Te dejo asegurados mi gran estima y reconocimiento. Hasta la próxima parada de tu dulce e iluminada Olivetti".

 

Por Dr. Raúl De la Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete.