
Estamos viviendo la santa que es el cenit del llamado calendario litúrgico de la Iglesia. ¿Qué celebramos? La conmemoración del último tramo de la vida de Jesús: la Pasión, muerte y resurrección. Es la sexta semana de la cuaresma. El corazón de la semana santa es el triduo pascual que se inicia con la misa del lavatorio de los pies y culmina con la vigilia pascual del sábado santo. En los orígenes cristianos, la semana santa coincidía con la celebración de la pascua judía. Los primeros en celebrar la semana santa fueron los seguidores de Jesús, es decir, los primeros cristianos judíos y luego los romanos creyentes, cuyos registros más antiguos datan del siglo IV.
¿Por qué se celebra en este tiempo y no en otro momento del año? Siempre se da entre el 22 de marzo y 25 de abril. Las primeras normas para celebrar la pascua fueron tratadas y definidas en el Concilio de Nicea en el año 325 para dar solución a un conflicto dado entre la Iglesia de roma y la Iglesia de Antioquia y la reforma del calendario ritual propuesta por el monje Dionisio el Exiguo (445-550). Este fue quien creo la denominación "Año del Señor".
Se definen algunas cosas: a) que se celebra siempre un domingo (la primera luna llena de la primavera boreal), b) que sea una sola vez por año, dado que el año nuevo empezaba entonces en el equinoccio primaveral del hemisferio Norte.
DÍAS PARA CONTEMPLAR
Es observar con atención, interés y detenimiento una realidad. Es mirar atentamente un espacio concreto. Pero también una reflexión serena y tranquila que lleva a una movilización del corazón. Nos cuesta mucho contemplar porque vivimos apabullados por imágenes. El cuadro para mirar es Cristo que se entrega por nosotros. En la contemplación brotan diálogos espontáneos con Dios y en esa conversación amorosa se van poniendo al descubierto las aguas internas del corazón. Nos vemos así mismo, el vínculo que tenemos con Dios y la relación con los hermanos.
VIVIR EN LA VERDAD
La semana santa nos lleva a ver las cosas como son. A llamar a las cosas por su nombre y a ver realmente por donde llevamos la vida. Ayudan a que se caigan varias máscaras personales y sociales que pueden atar nuestra vida. El verdadero hombre es el que vive auténticamente libre. Las personas podemos vivir una libertad esclava, condicionada. Jesús nos dice: "la verdad los hará libres". Las personas nos vamos enroscando en situaciones donde uno mismo termina siendo víctima de lo que se ha sembrado. Y la felicidad comienza a opacarse. Por eso conviene cortar con todo lo que no nos hace bien. Van ingresando en nuestra vida cosas -a veces hasta desapercibidas- que pueden estar haciéndonos una mala pasada. El encuentro con Dios nos ayuda a ir recuperando la verdad. Dios nos ayuda a vivir de manera "sabia". El "sabio” es quien aprovecha todo el caudal de lo significa vivir la vida (la lectura, el conocimiento, las experiencias, los desafíos, los logros, la historia pasada) refundiendo todo con una mirada de fe. No es solo experiencia sino vivencia sobrenatural. El sabio quiere la verdad y vive en la verdad.
CRECER EN EL AMOR
No somos seres aislados sino en relación. Los seres humanos somos seres en sociedad. Es decir, en reciprocidad constante unos a otros. Y las relaciones humanas son complejas porque las personas somos distintas y las circunstancias cambian. La semana santa es una gran oportunidad de ver en los vínculos un espacio para santificar nuestra vida. descubrirnos como hermanos. Es bueno cuidar el trato con el otro. El prójimo es sagrado y que servirlo. San Francisco de Asís proponía "ser menor" entre los hermanos, es decir, vivir la humildad del evangelio para servir a los hermanos. Menor significa no creerme más que el otro. Muchas veces vivimos enfermos por los daños que nos provocamos unos a otros. La soberbia, el orgullo, la vanidad, nos va haciendo perder la sensibilidad por las personas. Hay que hacer algo por alguien y no vivir en la mezquindad de mi yo. Jesús se entrega y muere por amor sin recibir nada a cambio.
Por P. Fabricio Pons
Párroco de Pocito
- Debemos reflexionar
La pandemia cubrió con un manto de temor, inmovilización, silencio, al mundo entero. Dos años que sólo la interconectividad fluía. Mensajes de ayuda, y especialmente, llamados a la reflexión, cómo mejorar al hombre. Las intenciones parecían buenas.
Esperanza de una sociedad más humana, más solidaria. Se distinguieron personas como Angela Merkel, que siguiendo su trayectoria de humanidad, demostrada con anterioridad, respecto a los refugiados, hizo que su país Alemania, fuese, su población, ejemplo de sociedad también humanitaria. Todo creaba una imagen de reflexión esperanzada de ver un mundo mejor. Pero la invasión y muerte de Rusia a Ucrania, de autoritarismo y ambición del genocida, Vladimir Putin, logró acallar las conciencias de la población rusa, ya sea, haciendo un "trabajo" minucioso en mentes jóvenes, instando a volver a la Rusia del poderío imperial o por la fuerza, encarcelando a quienes se revelaban, fueron nefastas. Estas noticias quieren borrar las esperanzas. Pero, en Semana Santa ¿Será que al coincidir este recordatorio de la muerte y resurrección de Jesús, para el pueblo cristiano, nos debe servir, para volver a poner buenas intenciones, recuperar la fe y abocarnos cada uno a luchar para lograr la paz y la humanidad del mundo? Dios lo permita, junto a la reflexión y acción de cada uno, desde donde nos toque actuar.
Lic. Beatriz Albaladejo
