Señor director:
Según el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos cada año unos 15 millones de norteamericanos sufren de una depresión lo bastante severa como para ser considerada de importancia médica. Esto sin hacer referencia a las depresiones menores que afectan a casi todos de tanto en tanto. La gravedad de las depresiones va desde las más leves, que pueden tener una duración de algunos días, hasta las depresiones profundas que implican una debilitante pérdida de interés por todo y que pueden durar durante años.
La depresión grave debe ser diagnosticada y tratada por el profesional. En este caso me referiré sólo a la depresión moderada, ese tipo de depresión que uno puede aprender a superar sin ayuda profesional. La depresión moderada varía en intensidad, desde la vaga conciencia de que uno no es feliz, hasta un estado en que uno se siente permanentemente cansado, pierde el interés por las actividades diarias y se siente pesimista en general. Entre otros síntomas puede haber disminución de la apetencia sexual, sentimientos de culpa y autocondena, alteraciones del sueño, pérdida de interés por la higiene y la apariencia personal, exceso en la bebida, dolores de cabeza. El hecho de que una persona que normalmente era afecta al buen humor y a la risa, ya no los presenta, puede indicar que ha caído en un estado depresivo.
Sabemos que la alegría es un requisito necesario para que haya buen humor, y por lo tanto un buen modo de apreciar el nivel de depresión es observando el grado de buen humor y capacidad para reírse que presentan esas personas.
