
Estamos en tiempos en que los políticos hablan, prometen, bajan el precio a sus oponentes y tironean entre los suyos por las candidaturas. Es demasiado pronto, pero cabe prestarle atención a lo que hablan y de ese modo calibrar si están a la altura de lo que necesita el país. En lo personal, creo en algunas políticas que están en línea con el sentido común, la racionalidad, las enseñanzas de la historia y teniendo en cuenta la experiencia por la que pasaron otros países.
Creo en la libertad, pero no en el libertinaje. Por lo que advertí semanas atrás que Javier Milei, autoproclamado "libertario", estaba orillando los extremos de la doctrina que dice defender, promoviendo algo muy parecido a una forma de populismo, esta vez venido desde la derecha. Eso de liberar la facultad de que cualquier individuo pueda ir armado por la calle, se me antoja peligroso. Como que cualquiera es libre de instalar un negocio en cualquier lugar y desde allí competir, claro que sin pagar impuestos, luz, personal o alquiler. Me suena que es anárquico y que no persigue otra cosa que acaparar votos desde la transgresión de las reglas, del derecho común. Ignorando aquello que debe ser liminar en toda sociedad organizada, donde "mi derecho termina donde comienza el de los demás". Para colmo, eso de donar el sueldo, en clara contradicción con el uso partidario de los pasajes de avión que provee el Poder Legislativo (a todo esto ¿por qué se dan pasajes de avión a legisladores que viven en la ciudad de Buenos Aires?), no son más que índices de un vulgar populismo. Su última propuesta sobre el tráfico libre de órganos, es alarmante. Ya son manifestaciones desquiciadas de la libertad.
Las banderas del liberalismo exigen conductas alejadas de los extremos, sin renunciar a la vigencia plena de la normativa vigente, instalada en los principios básicos de la Constitución Nacional.
Otro que también ha vuelto a escena, como siempre desde una posición liberal, es Mauricio Macri. Ha manifestado que Milei está robando ideas que serían propias del Pro, y que también vería con agrado de Carlos Melconian fuese ministro de economía (entrevista en La Nación Más). Y, me hizo ruido, porque al economista ya lo tuvo en su equipo presidencial y lo echó sin motivo aparente. Conviene recordarlo. Me puse a revisar quien estuvo detrás de los pedidos de renuncia más incomprensibles que hizo Macri durante su presidencia, que empezó muy bien y por eso ganó las elecciones de medio término en 2017, para luego desdibujarse. La figura de su jefe de gabinete Marcos Peña, fue el factor común de esos desplazamientos.
Hacemos memoria
- El primer caso: fue el sorpresivo alejamiento de Isela Constantini de Aerolíneas Argentinas. "Me echaron" dijo tajante en un reportaje. Según se informó, en menos de un año de gestión había bajado el déficit de Aerolíneas a la mitad, pero, al parecer, no era disciplinada y no homogeneizaba con el resto "del equipo".
- Segundo caso: Alfonso Prat- Gay fue protagonista de la salida del cepo cambiario y de la normalización de las relaciones internacionales. "Le gusta cortarse solo, no sabe jugar en equipo", se le oyó decir a Marcos Peña.
- El tercer Caso: fue el referido desplazamiento de Carlos Melconián como presidente del Banco Nación. Tras elogiar su gestión, el Presidente lo despidió en Olivos. Paradójico. Pasó el tiempo y el economista contó que Macri y su círculo "lo rajaron" y dio las razones que precipitaron su salida. "El Banco Nación lo manejábamos nosotros. No es la Anses, y tiene cuestiones a las que el Banco Central lo obliga. Ganábamos mucha plata, fue un muy buen año. La plata es de todos los argentinos. Pero me querían sacar la plata", contó hace un tiempo.
- Cuarto caso: Susana Malcorra, a cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores y con sobrados antecedentes para esa área, manifestó tras su alejamiento: "sobre todo el Presidente ha sido muy abierto a las expectativas que tenía como Canciller, y que no siempre han coincidido con la que tiene la Jefatura de Gabinete".
- Quinto caso: el alejamiento de Alberto Abad a la conducción de la AFIP, siguió igual línea. Paralelamente, se empeñó en sostener a ministros que hacían mella en su credibilidad, en cuestiones de transparencia.
Por eso es bueno tener memoria y analizar detenidamente a quienes sostienen ideas liberales, a las que parece les ha llegado su momento y consideración en la gente, que está desencantada con las políticas cerradas, estado centristas y poblada de cepos y controles. Pero esos "liberales" se tientan con el populismo, como Milei, o han demostrado ser conductores partidarios que revierten en autoritarios y con inclinaciones a moverse en círculos cerrados, reservado para pocos, como lo fue Macri.Este sectarismo es el que le criticaron sus socios radicales, y por eso hoy recelan de su liderazgo.
Las banderas del liberalismo exigen conductas alejadas de los extremos y que hagan homenaje al libre pensamiento, a la apertura de las ideas, sin renunciar a la vigencia plena de la normativa vigente, instalada en los principios básicos de nuestra Constitución. Por eso conviene estar atento, y no dejarse seducir por quienes, con su obrar, parecen renegar de los principios que dicen defender.
Por Orlando Navarro
Periodista
