
Recuerdo haberle dicho cierta vez a Raúl Ávila, en ese momento secretario general del Sindicato Empleados de Comercio, que sería bueno que José Luis Gioja se retirara con todos los honores, una vez concluida su gobernación. A mi modo de ver, y lo he dicho otras veces, había ejercido una más que aceptable gestión durante su mandato. Corroborado por el voto popular, que lo eligió invariablemente cada vez que se presentó, y que lo convirtió en un candidato prácticamente imbatible. Unos meses antes, cuando regresaba de Buenos Aires tras el tratamiento médico que recibió luego de su accidente aéreo, se dio lo que para mí fue la recepción más multitudinaria que vi en San Juan. Fue lo observado durante el trayecto que hizo desde el aeropuerto hasta la ciudad. Un cordón humano, que una ciudadanía exultante exhibía fervorosa. No tuve dudas de su liderazgo y el lugar que le daba en general la ciudadanía. Por eso aquella sugerencia que conversé con Ávila.
"No sé -me dijo Raúl, hoy fallecido-, es un animal político y su vida es la política. No creo que dé un paso al costado".
En el kirchnerismo duro
Y Gioja continuó su carrera pública. Se recostó decididamente en el área del kirchnerismo más duro. Respeté esa decisión, aun sin estar de acuerdo, porque lo mostraba como un hombre consecuente y fiel, sobre todo, con la memoria de Néstor Kirchner, quien siendo presidente, y luego Cristina, le brindó un decidido apoyo, que al final se tradujo en obras y beneficios para la provincia. Por esos años, ya Cristina comenzaba a declinar en la consideración de la gente, sobre todo luego del conflicto con el campo, y llevó al movimiento, y sus hombres, entre ellos Gioja, hacia una posición extrema.
El de la "Cristina eterna", enfrentada con casi el 70% de la ciudadanía, que le restó apoyo tanto en las elecciones de medio término del 2013, como en las generales del 2015, que consagró la formula opositora de Macri. Gioja se mantuvo a su lado, fiel. Pero rifando poco a poco aquel lazo invisible, que había tendido con el pueblo que le había brindado su apoyo electoral.
Una lástima, y una pérdida para San Juan, que ve cómo exponen sin miramientos sus diferencias los dos políticos tal vez con mayor predicamento y proyección.
En el polo opuesto
Su sucesor, y discípulo, Sergio Uñac, adoptó una postura más prescindente de la líder del kirchnerismo, y fue ocupando un lugar cada vez más preponderante en la consideración de sus votantes, en paralelo con el declive de su otrora mentor. Uñac está hoy por terminar su segundo mandato, los cuales ha ejercido decorosamente y con general aceptación por parte de sus conciudadanos, quienes ratificaron en las urnas su liderazgo, durante dos elecciones consecutivas. En la consideración general, dentro y también fuera de la provincia, se ganó un lugar como un político moderado, razonable, republicano y presidenciable.
Al cabo de los años su alejamiento de Gioja se hizo cada vez más evidente. Lentamente fue inocultable el enfrentamiento, que para esta elección los hizo ponerse en dos sublemas distintos, con vistas a las elecciones que, hoy domingo, se celebran parcialmente en la provincia. Suspendidas que están las correspondientes a las categorías de gobernador y vice.
Trapitos al sol
A raíz de esa decisión de la Corte, que de todos modos aún no se expide sobre el fondo de la cuestión, es que San Juan, junto a Tucumán, pasó a ocupar la escena nacional, con ecos en el periodismo radial, gráfico y televisivo. Entonces se produjo un lamentable despliegue de "trapitos al sol" entre ambos.
Gioja culpó la suspensión a dos factores. Uno, dijo, "al ciudadano Sergio Uñac" quien no hizo caso a la advertencia formulada de que no le correspondía un nuevo mandato. Y también, fiel a la consigna del cristinismo, aprovechó para achacar a la Corte la demora en expedirse.
Por su parte, Sergio Uñac también cargó tintas contra la Corte y fustigó a Patricia Bullrich por el término "los frenamos", sugiriendo convivencia entre la candidata opositora y el máximo órgano de la Justicia argentina. Insólitamente, hizo cristinismo. Se mostró contrariado y su "jugada política" está sujeta ahora al análisis de la Corte. Pero, lamentablemente para su imagen, queda la sensación de que quedó mal parado.
Extrañamente, en declaraciones de novísima explosividad saliendo de su boca, también cargó, a lo Alberto, contra "los porteños", según publicó La Nación, que, dijo, "no saben si acaso San Juan pertenece a suelo chileno" y "creen que somos estúpidos". Incontinencia verbal que no se le conocía, olvidando que tres de los cuatro cortistas son del interior. Sumado esto al cercano antecedente de un conflicto docente que se extendió en demasía, y que significó un desgaste de su imagen política.
De Gioja dijo que pretende proscribirlo, termino puesto de moda por boca de la vicepresidente. Su vuelco hacia prácticas cristinistas, de las cuales siempre se mantuvo al margen, se hace evidente por estos días. Es otro Uñac.
Una lástima, y una pérdida para San Juan, que ve cómo exponen sin miramientos sus diferencias los dos políticos tal vez con mayor predicamento y proyección. Quienes paralelamente desconocen la estatura constitucional de ese contrapoder que es la Corte, a la cual Gioja llamó "lacra". Desafortunada frase de la cual es difícil volver.
Ha sido una semana para el olvido y es de anhelar que ambos exponentes del justicialismo vuelvan a los carriles que, como quedó dicho, los llevó a lugares preponderantes en la consideración de los ciudadanos, dentro y fuera de la provincia. La contienda política no debería sacarlos de eje.
Por Orlando Navarro
Periodista
