Señor director:
Los recientes incidentes del barrio madrileño de Lavapiés pusieron en evidencia uno de los aspectos más letales de la llamada "nueva política": el uso reiterado y consciente de la mentira como arma electoral. Se trata de un intento de transformar la realidad social mediante la anulación del uso de la razón, para dar paso a las emociones y los sentimientos como palanca de las movilizaciones callejeras.
Lavapiés fue un ejemplo local que se queda pequeño ante las manipulaciones que han acompañado al proceso separatista de Cataluña. A un nivel mucho más global tenemos el escándalo de la filtración de datos facilitada por Facebook para modificar las tendencias de opinión en los procesos electorales y ponerlas al servicio de intereses económicos y políticos. Todo esto indica que al parecer, nunca habíamos tenido tanta libertad, pero en realidad nunca habíamos estado tan controlados y manipulados.
