
El papa Francisco ha concluido su 33er viaje internacional a Irak, al que considero fue su viaje más importante hacia una tierra martirizada desde hace muchos años. Los Pontífices del siglo pasado y de este comienzo del tercer milenio, han abierto un sendero que se ha convertido en un camino. Debemos pensar en la encíclica "Pacem in terris" de Juan XXIII, en la "Populorum progressio" de Pablo VI y en las palabras proféticas de Juan Pablo II en tiempos previos a la Guerra del Golfo. Esta fue una "aventura sin retorno". Hace diecisiete años comenzó la guerra de Estados Unidos en la región y la percepción de inseguridad en Europa Occidental no es menor de la que era en ese tiempo. Lo que Occidente ha hecho es controlar las cosas por la fuerza para lograr estabilidad. Se ha mantenido la tapa en la olla en lugar de reducir la llama. Juan Pablo II deseaba visitar Irak, pero se lo impidió el dictador Saddam Hussein que estuvo en el poder desde 1979 al 2007. En el signo del Dios misericordioso, este viaje marcó el cruce de las coordenadas guías del pontificado de Francisco, que se encuentra en el octavo año. La misericordia es el trazo vertical que une el cielo y la tierra, y la encíclica "Fratelli tutti" es el brazo horizontal que abarca en su horizonte a los hombres y mujeres del mundo entero. No es una ilusión ver representado aquí el signo de la Cruz, que en el fondo es el sendero de la paz que conduce del dolor a la resurrección.
Horizonte de la fe
Se trata de un viaje histórico. Es verdad, pero se corre el riesgo de no entenderlo si se da al adjetivo "histórico" un sentido superficialmente mediático. El primer horizonte desde el que hay que mirarlo es el de la fe. Ha sido un acto de fe y un modo de expresar el propio ser de parte del hombre que ha hecho de la simplicidad del evangelio la estrella polar de su ministerio petrino. Este viaje expresa la fe del Papa, su apertura al riesgo, su convicción que necesita entrar en juego radicalmente, pero sobre todo hoy. Irak es la tierra de Abraham, nuestro padre en la fe. En este viaje, Francisco ha dejado las propias certezas, su tierra, los propios puntos firmes, para confiarse en Dios, antes de cualquier otra consideración. Es este espíritu el que hace de la peregrinación a Irak, un acontecimiento de la historia de Abraham, porque habla de la fe profunda de un creyente. Una fe entendida como "ir al encuentro del otro”. Sin "Fratelli tutti", no hubiera existido la peregrinación a Irak.
Francisco ha salido hacia este país de Oriente, porque las palabras de esa encíclica no son una mera exhortación. Ha sentido que debía testimoniar la necesidad absoluta de una fraternidad integral, un reconocimiento del otro como hermano, que precede a cualquier otro punto de vista político o religioso.
Violencia fundamentalista
Los enfrentamientos sectarios que se dan en Irak, basados en el fundamentalismo radical, no aceptan la convivencia pacífica de varios grupos étnicos y religiosos. Antes de la guerra del Golfo, vivían allí 1.500.000 cristianos, y ahora son 300.000. En 1948 vivían en Irak 120.000 judíos, y quedaron sólo 2.000 en tiempos de Saddam. A fines de junio de 2014, el Estado islámico del ISIS declaró un califato que se dedicó a expulsar a las religiones minoritarias de la zona, por considerarlos infieles y amenazarlos de muerte si no se convertían al Islam. Francisco visitó ciudades devastadas por terroristas. En Qaraqosh, ciudad de la llanura de Nínive, el 6 de agosto de 2014 fueron 120.000 personas las que tuvieron que huir en una noche. Allí las iglesias fueron profanadas, las imágenes decapitadas, quemados los libros sagrados, y los coros de los templos usados como polígono de tiro. En Mosul, ex capital del califato, fueron expulsados más de 6.000 cristianos y destruidas todas las iglesias. En Erbil, la ciudad más antigua del mundo, se encontró con cristianos perseguidos y abrazó al padre de Alan Kurdi, ese chico que apareció ahogado en la costa turca en 2015, y que quedó sin su esposa, sus dos hijos, y una esperanza destrozada ya que todos ellos murieron en el mar y ahogado el anhelo de huir, no para vivir mejor sino simplemente sobrevivir.
Alfombra de la diversidad
En ese entretejido de diversidad, el Papa ofreció una bella imagen para las relaciones humanas en todo el mundo. Irak es famosa por sus alfombras. Esto le sirvió para afirmar que éstas se hacen con muchos hilos particulares de colores que tranzados juntos, componen una alfombra única y bellísima. Dios mismo es quien ha ideado esta alfombra de la diversidad de confesiones religiosas y de la vida, que la teje con paciencia y la remienda con cuidado para que estemos todos juntos. Es que no habrá paz, mientras los demás sean "ellos" y no parte de un "nosotros"’. Capacidad para perdonar y valentía para luchar, como la de los cristianos iraquíes, eso es también creer.
- Para saber más
La historia de Irak se remonta a la antigua Mesopotamia. La región entre los ríos Tigris y Éufrates se identifica como la "cuna de la civilización" y el lugar de nacimiento de la escritura. Durante su historia, Irak ha sido el centro de los imperios sumerio, acadio, asirio, babilónico y abásida, y parte del aqueménida, macedonio, parto, sasánida, omeya, mongol, otomano y británico. Desde la guerra de Irak de 2003, una coalición encabezada por EEUU y Gran Bretaña, ocupó el país. El conflicto subsiguiente tuvo gran trascendencia: la violencia civil, política y la ejecución del expresidente Saddam Hussein. El país, con gran inestabilidad política, económica y social dio lugar a la guerra civil iraquí de 2014.
Por Pbro. Dr. José Manuel Fernández
