Señor director:
Aumenta notoriamente la violencia contra sacerdotes y religiosos, según el balance anual de la agencia Fides: en 2018 fueron asesinados en el mundo 40 misioneros, casi el doble con respecto a los 23 de 2017; además, la mayoría eran sacerdotes: 35. Por otra parte, mientras en los últimos ocho años iba por delante América, en 2018 fue África el continente que se llevó la palma de esta dramática clasificación. No deja de ser paradójica la situación, que refleja una de tantas contradicciones culturales de nuestro mundo: el pacifismo figura casi siempre en primer plano de los sondeos sobre valores dominantes o emergentes; pero no dejan de crecer los distintos tipos de violencia. Es lógico que el problema tenga su repercusión en reformas de los tipos penales. Pero no parece que la mera represión tenga los éxitos fulgurantes que prometen las exposiciones de motivos de las leyes. Más bien están consiguiendo limitar la libertad de expresión, como se comprueba en las universidades anglosajonas que figuran a la cabeza de los rankings. Al contrario, la proliferación de "delitos de odio” puede llegar a resultar exasperante para la gente de natural pacífico. La solución no puede ir por ahí, justamente por lo fácil que resulta a las cámaras legislativas aprobar leyes penales, que acaban creando más problemas de los que resuelven.
Jesús Madrid DNI 71246596
